Diciembre mío

A varios días de tu cumpleaños me sigo haciendo la misma pregunta: ¿serás feliz? Quiero pensar que si, que has encontrado la razón para sonreír a diario y que te has comido una buena ración de pastel. Ese día, el que celebras tu nacimiento, dentro de todas las vicisitudes, ahí estabas tú, en mis memorias. Levanté una copa de vino en silencio, cuando las estrellas estaban arriba, cuando nadie me observaba y solo el viento escuchaba mis secretos y te deseé una larga vida saludable, llena de ese amor que mereces y que yo, en mi desgracia, no pude darte por completo. Deseé también, siendo un tanto traviesa como sabes que soy, que por un instante pensaras en mí e imaginaras la misma sonrisa que siempre te regalaba, pensando que una persona, al otro lado del mundo, te sigue recordando con intensidad, que se culpa por los besos no dados, por las palabras no dichas y por tener que aparentar, no por ti, sino por los demás. Tu día se volvió tan mío que lo enmarco en mi calendario con una pequeña estrellita y, sin importar lo que hagas, donde estés o el lugar que yo ocupe en tu mente, a estas alturas, siempre te deseo lo mejor, también tu boca, tus ojos y tu corazón, ese que sigue siendo mío, como este diciembre.

Con amor pleno.

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