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Mostrando las entradas de noviembre, 2015

Las tibias aguas de Le Corps

Hurgando entre las cuevas sagradas de Le Corps, más allá de las colinas frondosas, encontré un riachuelo.  Era cristalino y profundo, y nada lo agitaba. Había escuchado que, ciertas veces, diminutos pececillos aparecían, buscando llegar al norte, pero éste solo brillaba a la luz de la luna. Me acerqué sigilosa y toqué las aguas con la punta de los dedos. Eran tan tibias y espesas que, al retirarlos, hilos translucidos quedaban entrelazados. Observaba con atención serena, y una pregunta zumbó en mis oídos. Con inocencia y curiosidad acerqué los dedos a mis labios y probé de aquel líquido brillante. Mis pupilas se dilataron y, asombrada por el sabor, solté un jadeo lleno de éxtasis y goce. Mi paladar estaba embriagado y me animé a beber solo un poco de aquellas aguas que con lentitud bajaban por mi garganta, mientras algunas gotas iban quedando entre mis labios. Supe que eran especiales, mágicas, y que debían ser cuidadas con cariño y entrega. Sonreí para mis adentros y me quedé dormid…

Hay ciertas cosas...

Manicomio del placer

Todos estaban locos: querían saciar la sed de la carne a toda costa.  Hartos de moralidad, fastidiados por discursos sanos que solo preservaban una cultura arcaica. Iban a conseguir lo que querían, haciéndolas babear, provocando un caos mental entre la lujuria y los juegos peligrosos, hasta verlas caer. Ellas, en cambio, tendrían las armas para ponerlos de rodillas y suplicar liberación, flor peligrosa albergada entre las piernas, cálida y jugosa, porque eran afroditas, joyas provenientes de Pandora. Y todos tendrían lo que buscaban, entre cuerpos exhaustos, mentes corrompidas, y palabras tan perversas que ningún oído podría quedar sanado. 


No te asustes si acaso te topas con el manicomio del placer, todo está ahí, al alcance de tu mente.
AuraLuna