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Carta para el amor prohibido #1

Querido cielo,

Te escribo esta carta porque sé que no será leída, mucho menos la tendrás en tus manos, pero lo hago para que el recuerdo persista en mi mente y socave hondo en mi pecho, porque te quedaste grabado a fuego en mi alma. Los días han pasado tras tu silencio y el mío, silencio que disfruto recordando tus palabras, silencio que me duele al no ver más tus ojos. No pienses, amor, que tu nombre no ronda mis sueños y me encuentro con tu rostro en el reflejo del cristal de una estantería. Ahora en este silencio, es cuando me fijo seriamente de cuanto te amé, cuanto te amo, y cuanto te amaré. Aún en esta distancia física, he llegado a pensar que te quedaste con mi alma, y solo la tengo de vuelta cuando comienzo a escribir poesía. Porque eso eres tú, poesía que me baña por completo, que acompaña el tiempo que pasa entre mis manos, poesía que libera esta pena de no poder tocarte. ¿Sabes?, ayer estuviste conmigo, te vi sentado en el tren, sumergido en los libros de liderazgo que tanto te gustan. No quise interrumpirte, estabas tan metido en las letras, pero acepto que por unos segundos tuve la fantasía de mencionar tu nombre y volver a ver esos ojos que tanto me gustan. A riesgo de llamarme loca, he fantaseado tantas veces contigo, que casi no puedo distinguir la realidad que me acecha. Pero estoy cumpliendo mis metas, poco a poco, como una pequeña gota que va rompiendo la piedra. Acepto lo que me ha tocado vivir, porque en este capítulo he aprendido más de lo que pensaba. Ya no me siento una persona más, no me tocan las palabras de desprecio que en ocasiones adornan las paredes de mi casa. Me siento al fin entendida en este mundo de locos, y tú estás ahí, alimentando la imaginación de mi estado. Me entregué a la pasión de las letras, y me basta con que tú me entiendas, con que al menos me recuerdes bonito en las noches, o te sientas sorprendido al cruzarte con mi nombre. Porque aún cuando no tengo la certeza de saber si me recuerdas, en mi historia, en esta mente que no tiene límites, tú eres mi musa. Por eso me aferro a esto, y no a la realidad que aborrezco mientras debo sonreír con hipocresía, una realidad que debo sostener por ahora.

Ya puedo imaginar tu cara, aun cuando sé que no tendrás esta carta en tus manos, y sonrió al pensar que tú sonríes también. Esta será mi primera de tantas cartas que te escribiré, para al menos darle a la vida lo que ella me ha regalado: tu amor.

Con profunda entrega y complicidad:
T.N.C.


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