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Doctores en extincion

Un padre angustiado volvía a entrar por la puerta de emergencias, sosteniendo a su pequeña hija de unos seis u ocho meses, totalmente moribunda. Parecía una dulce muñequita de felpa, con sus brazos colgando y su cabeza bambaleándose de lado a lado sin fuerzas. El padre asustado entra al cubículo donde la antigua doctora que había atendido a su hija yacía sentada, escuchando y atendiendo a otra madre y su hijo.

- ¡La nena ha vuelto a virar los ojos para atrás!

El padre temblaba ante los ojos de la madre sentada en el cubículo, mientras que la doctora se levantaba a paso de tortuga.

- Llévasela a una de las enfermeras- y haciendo un gesto rápido de manos le dijo hacia dónde ir.

- ¿Cómo que la lleve a la enfermera? ¿No ve como esta mi hija? ¡Usted es la doctora!

Ante la mirada de aquella madre, que aun sostenía la mano de su hijo para darle soporte, una escena de total frialdad y desinterés cobraba vida en los pasillos de aquel hospital. La doctora tomó a la niña en sus antebrazos, con su pancita hacia el suelo. Caminó en busca de algo que parecía no hallar. Se cruzó con quien parecía ser la madre de la niña y esta le dijo a la doctora:

- ¡Ya le han puesto el supositorio! ¿Acaso no se acuerdan?

El rostro de la doctora se contrajo, mientras se volteaba aun con la niña en brazos. La madre del cubículo sostuvo mas fuerte aun la mano de su hijo, mientras contenía el deseo de gritarle algunas obscenidades a aquel ser que se hacía llamar doctora.

- Pues denle un baño nuevamente. Vamos… un baño otra vez.

Con aburrimiento y algo casi parecido a la angustia, la doctora volvió a entregarle la niña a una de las enfermeras y regresó pausadamente hacia su cubículo. La madre, que veía la escena con espanto, hizo todo lo posible por salir de allí lo más rápido posible, asegurándose de que la doctora hubiese anotado cada detalle que acongojaba a su hijo.

Señora doctora, usted que trabaja en el Children Hospital del municipio de Bayamón en Puerto Rico, usted ha manchado la imagen de lo que representa ser una entidad que no solo busca la buena salud, sino el bienestar de cada individuo. Me siento avergonzada y siento asco de que personas como usted sigan ejerciendo tan valiosa profesión y hayan perdido el más puro sentimiento de la vida: el amor. Espero que algún día, usted no vea como tratan a sus nietos de la misma forma en la que usted trato a esa niña y que yo tuve que horriblemente presenciar.

Relato del padre: Estuve todo el camino de regreso al hospital viendo como mi hija convulsaba. Llegue y me dijeron que tenía que hacer turno de nuevo.

Relato de una enfermera: Se supone que si ya te dieron de alta del hospital, pero regresas dentro de 24 horas por alguna situación, no tienes que volver a hacer turno.

¿Son los médicos de nuestra generación dignos de llamarse doctores? ¿O no son más que marionetas del dinero, cada día en busca de más?


AuraLuna


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