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Sé que deseas mi cuerpo

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Quiero bailar para ti, desnuda y alocada sobre tu cama, con la música de fondo y esa botella de vino a medio tomar que tanto me gusta. 
Tocarme el cabello, sonreír, mover la cadera de lado a lado con la certeza de que me observas, porque sabes cómo me pone tu mirada. Seguro me pedirás que te mire y entonces será tu culpa, ya no podre reír, bailar y tocarme, querré un beso tuyo, uno intenso, de esos que saben a sal y azúcar. 
Te veré ahí, con tu aparente tranquilidad, reteniendo las ganas de soltar lo salvaje y estamparme contra la pared en un acto posesivo y lleno de locura. Tal vez deba no darte ese beso y, con la misma sonrisa, mover la curvatura de mi espalda en una descarada invitación a lo carnal. 
Me gustará tanto sentirte tras de mí, con tus manos justo en el lugar correcto de mi desespero. Así que, cielo, si me dices al oído que te gusta lo que ves, no podré evitar morderme la boca, pero si me dices que deseas mi cuerpo, por esa noche te lo doy, todo, sin límites, para que hagas …

Diciembre mío

A varios días de tu cumpleaños me sigo haciendo la misma pregunta: ¿serás feliz? Quiero pensar que si, que has encontrado la razón para sonreír a diario y que te has comido una buena ración de pastel. Ese día, el que celebras tu nacimiento, dentro de todas las vicisitudes, ahí estabas tú, en mis memorias. Levanté una copa de vino en silencio, cuando las estrellas estaban arriba, cuando nadie me observaba y solo el viento escuchaba mis secretos y te deseé una larga vida saludable, llena de ese amor que mereces y que yo, en mi desgracia, no pude darte por completo. Deseé también, siendo un tanto traviesa como sabes que soy, que por un instante pensaras en mí e imaginaras la misma sonrisa que siempre te regalaba, pensando que una persona, al otro lado del mundo, te sigue recordando con intensidad, que se culpa por los besos no dados, por las palabras no dichas y por tener que aparentar, no por ti, sino por los demás. Tu día se volvió tan mío que lo enmarco en mi calendario con una peque…

El nuevo país tercermundista de Trump

No soy analista política, sino una ciudadana más que ve las cosas "en arroz y habichuelas" sin adornarlas con palabras muy elaboradas. Así que diré lo que algunos no se atreven a decir: el americano (el de origen generacional) es *adeenicamente racista. Sí, una opinión generalizada, pero una verdad al fin. Puedes mirarle las cuatro patas al gato, la verdad sigue estando ahí, en la historia. Es por eso que no me sorprende el "triunfo" de Trump, un sujeto que, aparte de todo lo que se ha mencionado, y la acertada comparación con Hitler, representa esa sangre que lleva el americano, ese deseo de poder absoluto y soberanía, representa las intenciones ocultas (aunque evidentes) de separar y pisotear a todo aquello que no se doblegue a su voluntad. Tú tal vez digas, "¿pero cómo Estados Unidos puede ser racista si han aceptado a toda persona, cultura, ideología y raza?", ay, amigo, que no te sorprenda ni te confunda lo que el deseo de poder logra. Pero no venga…

El pozo de los secretos

Metí las piernas hasta el fondo. La viscosidad se adhería en mi piel sin poder evitarlo. ¡Asco! Sentía esa clase de asco que provoca devolver todo lo que tu estómago tiene, incluyendo las tripas. Tapé mi nariz con dos dedos, no me importaba el dolor debido a la presión que ejercía, yo solo deseaba terminar. El mareo estaba presente, pero no podía mover mi cuerpo, el estrecho pozo me rodeaba. Alcé la mirada y vi que él seguía allí, terminando de recoger la cuerda.
─ Esta vez serán veinte minutos. Ya sabes qué hacer.
Terminó de enrollar y ya no vi su rostro, una enorme piedra, plana y perfectamente circular comenzó a tapar la entrada hasta sellarla casi por completo. Solo un escaso rayo de sol entraba por la grieta.
Suspiré con desgana.
─ Calle Díaz, número 8, Matilda Resto, 19 de octubre de 2004. Calle Alarcón, número 26, Félix Oropeza, 19 de octubre de 2005. Calle Vals, número 41, Jesús Delgado, 19 de octubre de 2006 ─continué la lista hasta llegar al último nombre─. Calle Cintron, nú…

A un ser maravilloso, en su día especial.

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Hoy quiero hacer algo distinto a lo que suelo hacer aquí. Y es que ando rebosando de alegría, ya que es el cumpleaños de una persona maravillosa a quien estimo, quiero, y admiro. Mi mentor, consejero, maestro y amigo: Jaime Prieto Molano
El tiempo es relativo, pero en pocos meses me ha mostrado un mundo más grande de lo que imaginaba, abriendo un camino repleto de posibilidades y estructuras hermosas dentro de la literatura y más allá. Jaime no es un hombre de escándalo, su serenidad y bondad lo caracterizan (dentro otro sinnúmero de adjetivos) pero definitivamente es de admirar. 
Es por esta y otras razones que quiero compartir con todos mi felicidad en su día de cumpleaños, su nacimiento, el nacimiento de un hombre espectacular. Jaime, para ti el abrazo mas cálido, agradable y cariñoso que te hayan dado, que te cubra todo el día y lo recuerdes hasta que el otro lado nos llame. Sé que te lo he dicho antes pero, gracias por mostrarme tantas cosas hermosas y dejarme ser parte de tus rec…

Carta para el amor prohibido #2

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Querido cielo,
Aún sigo pensando en ti. Claro que sí, es imposible olvidarte, ¿cómo podría? Me has regalado días hermosos, y momentos… como hoy. ¿Recuerdas el tiempo que me mantuviste en vela, sin querer confesar tu día de cumpleaños? ¿Recuerdas cómo lo descubrí? Qué nostalgia siento, cariño, mis ojos se llenan de un brillo singular, ese que en tantas ocasiones viste con los tuyos. Hoy es un día muy especial: celebro contigo un año más cumplido. Se me contrae el pecho, Dios sabe cuánto deseo estar a tu lado, físicamente, y abrazarte, besarte, y decirte al oído cuánto te he extrañado, cuánto te he amado, y cuánto te sigo amando. Miro el cielo y me niego a llorar por ti, porque sé que si suelto solo una, no podré detenerme. Me siento tan… extraña sin ti, como si fuese un personaje más de algún cuento de diciembre.  Pero no me quiero desviar, te envío esta carta para desearte el mejor de los días. No sé qué harás ni adonde irás,  no sé si pensarás en mí un momento, si el recuerdo de mi v…

Las tibias aguas de Le Corps

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Hurgando entre las cuevas sagradas de Le Corps, más allá de las colinas frondosas, encontré un riachuelo.  Era cristalino y profundo, y nada lo agitaba. Había escuchado que, ciertas veces, diminutos pececillos aparecían, buscando llegar al norte, pero éste solo brillaba a la luz de la luna. Me acerqué sigilosa y toqué las aguas con la punta de los dedos. Eran tan tibias y espesas que, al retirarlos, hilos translucidos quedaban entrelazados. Observaba con atención serena, y una pregunta zumbó en mis oídos. Con inocencia y curiosidad acerqué los dedos a mis labios y probé de aquel líquido brillante. Mis pupilas se dilataron y, asombrada por el sabor, solté un jadeo lleno de éxtasis y goce. Mi paladar estaba embriagado y me animé a beber solo un poco de aquellas aguas que con lentitud bajaban por mi garganta, mientras algunas gotas iban quedando entre mis labios. Supe que eran especiales, mágicas, y que debían ser cuidadas con cariño y entrega. Sonreí para mis adentros y me quedé dormid…